Se me ha muerto el chirri

No es broma, no os riáis. Se me ha muerto, PERO DE VERDAD.

Agonizaba desde hace tiempo, el pobre. Su declive comenzó hará unos seis años. Aún no sé si la falta de actividad fue causa o consecuencia de la enfermedad. Cada vez estaba más cansado, le daba más pereza ponerse en movimiento y, cuando lo hacía, era para luego arrepentirse. “Total, para ESTO…” solía comentar.

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Han sido varios los factores que han agravado su dolencia: la falta de penes apetecibles; la menopausia, que lo dejó sequito perdido; el cansancio propio de la maternidad…. En sus últimos tiempos, si le dabas a elegir entre dormir o hacer deporte, él siempre prefería irse a la camita. Solo, por supuesto. Creo que estaba deprimido.

Yo he hecho lo que he podido: le ponía guapetón, bien peinadito, a ver si así se animaba. Pero nada.

Hablé con él, le dije que no podía ser tan exigente y, con toda la razón, me contestó que no había venido a este mundo a zamparse cualquier cosa y que, además, la que iba a cargar con las consecuencias de que él no supiera elegir bien era yo. Mareadores, tíos que desaparecen, hijos de puta, son especímenes que abundan en nuestros días y hay que andarse con cuidado. “Sol, no es tan fácil encontrar un buen "EMPOTRADOR” me repetía, “y ya no tenemos edad de andarnos con tonterías. Aquí, o se folla bien, o no se folla”.

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Sabias palabras.

En muchas ocasiones recordábamos juntos aquellos buenos tiempos en los que era tan fácil localizar amiguitos dispuestos a darnos diversión. Ibamos a una fiesta, conocíamos a un chico, nos enrollábamos con él y luego pues le volvías a ver o no, pero no había complicaciones, ni antes ni después del coito.

Pero los tiempos cambiaron y con ellos, las personas. Cada vez salíamos menos, cada vez había menos amiguitos y más dificultades. Que si te llamo, que si no, que si quedamos, que te acribillo a Whatsapps pero luego nada, que se ha muerto mi abuela (por sexta vez), que tú me la chupas porque eso es lo “normal” pero que yo no bajo ahí ni muerto…

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Los avances tecnológicos, tan útiles para algunos, a nosotros nos hicieron mucho mal. Nosotros somos de piel con piel, de charla previa, de ver, oler, tocar. El Tinder lo invadió todo y las leyes del mercado hicieron su trabajo: el usuario quiere inmediatez, facilidad, seguridad. Y eso no lo encuentras en un bareto de Malasaña.

El resto es historia: intenté que recuperara la ilusión por la vida, forcé algún encuentro, pero el remedio fue peor que la enfermedad. Esos polvos que buscaban la resurrección, solo consiguieron agravar el padecimiento.

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Llevaba días sin hablar con él, cuando ayer me di cuenta de que no reaccionaba a mi llamada. “Despierta, despierta, chirri mío”, pero ya era tarde. Llamé a mi amiga médico, esa que de tantos apuros nos sacó cuando él aún vivía y me confirmó lo que me temía. “No hay solución, Sol, quería irse. Ya no podía más. Asúmelo”.

Y aquí estoy, pensando que es mejor así, que no hemos venido a esta vida para sufrir y que él ya tuvo lo suyo.

Descanse en paz.

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